El descubrimiento de una autoridad pedagógica que se ejerce en
condiciones de igualdad. Él Maestro Ignorante es un texto de
crítica al concepto de autoridad en sí mismo, de crítica a toda posición de
maestro fundada en el saber. Y es que su obra se basa en de construir toda
posición de maestría sostenida en los fundamentos del saber y el poder, pilares
de los grandes ideales modernos de la razón, la emancipación, el progreso, la
verdad. Saber y poder para crear supuestos sujetos autónomos y racionales,
moldeados según la norma, sin diferencias ni resistencias.
Poner en movimiento y cuestiona miento las palabras y los discursos, reactivar los sedimentos, es una
vocación ranceriana, de allí que el maestro ignorante se constituya, a nuestro
entender, en un texto privilegiado para desandar la lógica des igualitaria y
autoritaria, la de superiores e inferiores, sabios e ignorantes, inteligentes y
no inteligentes, buenos y malos alumnos y proponer, en cambio, la paradoja de
andar un camino emancipa-torio a partir de una relación maestro-alumno, en
condiciones de igualdad donde cada uno arriesgue su propio recorrido sin
completarse ilusoria mente en el saber y poder del otro. Sin espejos ni imágenes
a semejanza El ejercicio de la autoridad del maestro ignorante pone en cuestión
la razón y la práctica pedagógica ordinaria, que confía a la inteligencia del
maestro el cuidado de colmar la distancia que separa al ignorante del saber
La reunión de ambos
términos: “maestro” e “ignorante”, impacta, sorprende, obliga a establecer
nuevas relaciones entre las palabras o a disociar los componentes que
constituyen una misma idea, que permanecen generalmente adosados, pegados,
indistinguibles, confusos
Un maestro ignorante,
un alumno y un maestro en una relación de igualdad, emancipatoria, asimétrica,
paradojal. La lógica de las inferioridades y superioridades en cuestiona miento
¿Cómo pensar en este marco el concepto de autoridad? ¿Cómo sostener la relación
pedagógica misma desde estos postulados? Porque: ¿es posible enseñar y aprender
en igualdad y con autoridad?, ¿de qué está hecha la autoridad del que
enseña?, ¿qué tipo de relación entraña una transmisión?
El del maestro
ignorante no es un lugar vacante, no es ausencia, ni indiferencia, ni
desinterés, tampoco es completa ignorancia, ni absoluto silencio. Por el
contrario, el maestro ignorante “trabaja” de maestro: habla, relata, dice su
pensamiento, narra su aventura, ordena actividades, propone tareas, ofrece un
objeto: un libro con el que relacionar todo lo demás, se hace presente ante el
alumno con su palabra, sus preguntas, su deseo, su ignorancia, su camino
recorrido, sus propios interrogantes genuinamente postulados, su propia
emancipación
El maestro ignorante
enseña sin explicaciones, sin indicaciones sobre las palabras que el alumno
deberá decir ni el lugar en que deben ser colocadas, sin el despliegue de la
inteligencia del maestro, pero con insistencia en la necesidad de que el alumno
realice su trabajo intelectual, que no descanse perezosamente en la
inteligencia del maestro sino que otorgue a su propia inteligencia toda las
posibilidades de desplegarse
Un maestro sólo es tal
en una relación de confianza con un alumno que responde, que piensa, que se
equivoca, que va y viene con su pensamiento, en relación con las preguntas
genuinas del maestro, en un vínculo de igualdad. Esta confianza es confianza en
el saber sobre lo humano que habita cada pensamiento, “ni profundo ni
superficial”, que sólo requiere espacio y tiempo para desplegarse, que sólo
demanda paciencia e ignorancia por parte del maestro para que pueda ser dicho.
La ignorancia de quien
enseña y la igualdad entre maestro y alumno, dos condiciones de la experiencia
de aprendizaje jacotista, así como de la emancipación intelectual, no tienen un
lugar para desplegarse sino muchos. No existiría la posibilidad de una escuela
emancipadora, igualitaria, ni ninguna institución que pueda nombrarse como tal,
sino procesos igualitarios y emancipadores atravesando de maneras diferentes
las instituciones, siempre en litigio, siempre en conflicto, en tensión y
contradicción. Es así como Ranciare a su vez, hace su crítica y piensa la
política
Un maestro que no se
conforma con la partición de lo sensible habitual, que discute un orden
“natural” hecho de alumnos que no pueden aprender y alumnos que pueden, buenos
y malos, ricos y pobres, niños y adolescentes “nacidos” para el trabajo “duro”
y adolescentes destinados al pensamiento y la dirigen incluidos y
expulsados, de “buena” y de “mala” familia, los que son “contados” y los no
tenidos en cuenta
Tal vez podamos anudar
estos pensamientos en el territorio de lo educativo y replicar las experiencias
de muchos maestros, profesores, profesionales, directivos, que, con audacia,
ignoran una supuesta “normal desigualdad” y la discuten permanentemente
proponiendo “escenas de igualdad” al modo jacotista
Esta potencia –y sus
efectos de poder- puede ser necesaria, constitutiva de subjetividad, la que
nombra y otorga lugares o, por el contrario, arrasadora, invasora,
inhabilitarte, la que no deja lugar Pensar en las condiciones necesarias para
la constitución del yo, es lo mismo que Kammerer (2000) piensa cuando delimita
de qué está hecha la “deuda de vida”, concepto que abordaremos más adelante
Podemos pensar que
dos tipos de violencia
no son solamente modalidades de la función materna/paterna sino que también
pueden reconocerse en el funcionamiento de las instituciones, espacios sociales
donde los sujetos pueden ser albergados otorgándoselas un lugar para habitar o
pueden ser avasallados, imponiéndoselas un molde al cual deben simplemente
adaptarse, sin lugar alguno para la propia voz.
“¿Qué puede una autoridad?”
Confiar en la eficacia simbólica de gestos, acciones
y modos de palabra cuando éstos instauran un lugar de reconocimiento para el
otro; intentar una modalidad “transversal” de ejercicio de la autoridad: la que
no pide directamente obediencia, sumisión, respuesta inmediata
Las condiciones
contemporáneas en las que vivimos y trabajamos nos demandan, como dijimos al
inicio, reconocer este tiempo de transformación, intentar detener la
in-significancia e inventar nuevos espacios de subjetivación
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