jueves, 9 de mayo de 2013

actividad#2 LA AUTORIDAD (PEDAGÓGICA) EN CUESTIÓN Una crítica al concepto de autoridad en tiempos de transformación AUTOR: MARÍA BEATRIZ GRECO




El descubrimiento de una autoridad pedagógica que se ejerce en condiciones de igualdad. Él Maestro Ignorante es un texto de crítica al concepto de autoridad en sí mismo, de crítica a toda posición de maestro fundada en el saber. Y es que su obra se basa en de construir toda posición de maestría sostenida en los fundamentos del saber y el poder, pilares de los grandes ideales modernos de la razón, la emancipación, el progreso, la verdad. Saber y poder para crear supuestos sujetos autónomos y racionales, moldeados según la norma, sin diferencias ni resistencias.
Poner en movimiento y cuestiona miento las palabras y los discursos, reactivar los sedimentos, es una vocación ranceriana, de allí que el maestro ignorante se constituya, a nuestro entender, en un texto privilegiado para desandar la lógica des igualitaria y autoritaria, la de superiores e inferiores, sabios e ignorantes, inteligentes y no inteligentes, buenos y malos alumnos y proponer, en cambio, la paradoja de andar un camino emancipa-torio a partir de una relación maestro-alumno, en condiciones de igualdad donde cada uno arriesgue su propio recorrido sin completarse ilusoria mente en el saber y poder del otro. Sin espejos ni imágenes a semejanza El ejercicio de la autoridad del maestro ignorante pone en cuestión la razón y la práctica pedagógica ordinaria, que confía a la inteligencia del maestro el cuidado de colmar la distancia que separa al ignorante del saber
La reunión de ambos términos: “maestro” e “ignorante”, impacta, sorprende, obliga a establecer nuevas relaciones entre las palabras o a disociar los componentes que constituyen una misma idea, que permanecen generalmente adosados, pegados, indistinguibles, confusos
Un maestro ignorante, un alumno y un maestro en una relación de igualdad, emancipatoria, asimétrica, paradojal. La lógica de las inferioridades y superioridades en cuestiona miento  ¿Cómo pensar en este marco el concepto de autoridad? ¿Cómo sostener la relación pedagógica misma desde estos postulados? Porque: ¿es posible enseñar y aprender en igualdad y con autoridad?, ¿de qué está hecha la autoridad del que enseña?, ¿qué tipo de relación entraña una transmisión?
El del maestro ignorante no es un lugar vacante, no es ausencia, ni indiferencia, ni desinterés, tampoco es completa ignorancia, ni absoluto silencio. Por el contrario, el maestro ignorante “trabaja” de maestro: habla, relata, dice su pensamiento, narra su aventura, ordena actividades, propone tareas, ofrece un objeto: un libro con el que relacionar todo lo demás, se hace presente ante el alumno con su palabra, sus preguntas, su deseo, su ignorancia, su camino recorrido, sus propios interrogantes genuinamente postulados, su propia emancipación
El maestro ignorante enseña sin explicaciones, sin indicaciones sobre las palabras que el alumno deberá decir ni el lugar en que deben ser colocadas, sin el despliegue de la inteligencia del maestro, pero con insistencia en la necesidad de que el alumno realice su trabajo intelectual, que no descanse perezosamente en la inteligencia del maestro sino que otorgue a su propia inteligencia toda las posibilidades de desplegarse
Un maestro sólo es tal en una relación de confianza con un alumno que responde, que piensa, que se equivoca, que va y viene con su pensamiento, en relación con las preguntas genuinas del maestro, en un vínculo de igualdad. Esta confianza es confianza en el saber sobre lo humano que habita cada pensamiento, “ni profundo ni superficial”, que sólo requiere espacio y tiempo para desplegarse, que sólo demanda paciencia e ignorancia por parte del maestro para que pueda ser dicho.
La ignorancia de quien enseña y la igualdad entre maestro y alumno, dos condiciones de la experiencia de aprendizaje jacotista, así como de la emancipación intelectual, no tienen un lugar para desplegarse sino muchos. No existiría la posibilidad de una escuela emancipadora, igualitaria, ni ninguna institución que pueda nombrarse como tal, sino procesos igualitarios y emancipadores atravesando de maneras diferentes las instituciones, siempre en litigio, siempre en conflicto, en tensión y contradicción. Es así como Ranciare  a su vez, hace su crítica y piensa la política
Un maestro que no se conforma con la partición de lo sensible habitual, que discute un orden “natural” hecho de alumnos que no pueden aprender y alumnos que pueden, buenos y malos, ricos y pobres, niños y adolescentes “nacidos” para el trabajo “duro” y adolescentes destinados al pensamiento y la dirigen  incluidos y expulsados, de “buena” y de “mala” familia, los que son “contados” y los no tenidos en cuenta
Tal vez podamos anudar estos pensamientos en el territorio de lo educativo y replicar las experiencias de muchos maestros, profesores, profesionales, directivos, que, con audacia, ignoran una supuesta “normal desigualdad” y la discuten permanentemente proponiendo “escenas de igualdad” al modo jacotista
Esta potencia –y sus efectos de poder- puede ser necesaria, constitutiva de subjetividad, la que nombra y otorga lugares o, por el contrario, arrasadora, invasora, inhabilitarte, la que no deja lugar Pensar en las condiciones necesarias para la constitución del yo, es lo mismo que Kammerer (2000) piensa cuando delimita de qué está hecha la “deuda de vida”, concepto que abordaremos más adelante Podemos pensar que
dos tipos de violencia no son solamente modalidades de la función materna/paterna sino que también pueden reconocerse en el funcionamiento de las instituciones, espacios sociales donde los sujetos pueden ser albergados otorgándoselas un lugar para habitar o pueden ser avasallados, imponiéndoselas un molde al cual deben simplemente adaptarse, sin lugar alguno para la propia voz. 
“¿Qué puede una autoridad?”
Confiar en la eficacia simbólica de gestos, acciones y modos de palabra cuando éstos instauran un lugar de reconocimiento para el otro; intentar una modalidad “transversal” de ejercicio de la autoridad: la que no pide directamente obediencia, sumisión, respuesta inmediata

Las condiciones contemporáneas en las que vivimos y trabajamos nos demandan, como dijimos al inicio, reconocer este tiempo de transformación, intentar detener la in-significancia e inventar nuevos espacios de subjetivación

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